Tensión, bronca y represión en la jornada definitoria del juicio oral por la causa Cromañón. Veinte años de cárcel para Chabán, 18 para el manager de Callejeros y la banda, absuelta. Del banderazo a la sala de audiencias, crónica de un día histórico y doloroso.
Cuando el juez Marcelo Alvero, del tribunal oral 24, leyó la absolución de los siete miembros de Callejeros y los allegados de la banda festejaron tirando volantes ("Callejeros culpables de qué") desde uno de los palcos superiores del recinto, volantes que cayeron sobre las cabezas de los familiares de los muertos como papelitos de cancha, la tensión acumulada estalló en bronca, insultos y forcejeos para pasar al otro lado del blíndex y arremeter contra los jueces y los músicos. "¡Hijos de puta!", gritaba un hombre contenido por la policía, rojo de la impotencia. "Hijo de puta vos", replicó desde el otro lado el abogado defensor de Callejeros, Martín Gutiérrez. "¡Necesito a mi hijo!", lloraba una mujer a los gritos.La sensación de injusticia que atacaba a los familiares era insoportable. Después de un año exacto de juicio oral (había comenzado el 19 de agosto de 2008), el tribunal resolvió condenar por el delito de estrago doloso seguido de muerte y cohecho activo (pago de coimas) a sólo tres de los quince imputados. Los jueces identificaron a tres responsables casi excluyentes por las 194 muertes y los 1.432 heridos: el gerenciador de República Cromañón (Omar Chabán, veinte años de prisión), el manager del grupo que coorganizó el show (Diego Argañaraz, 18 años de prisión) y el subcomisario de la 7ma (Carlos Díaz, 18 años de prisión). Las responsables del Control Comunal y la Fiscalización del gobierno de Ibarra (Fabiana Fiszbin y Ana Fernández) recibieron penas mucho más leves y excarcelables por incumplimiento del deber de funcionario público. Raúl Villarreal, mano derecha de Chabán, deberá pagar su condena como partícipe secundario del cohecho (un año de prisión en suspenso) cumpliendo tareas comunitarias. El comisario Miguel Belay y el funcionario Gustavo Torres fueron absueltos. Ninguno de los imputados fue encerrado en el acto. Se viene una larga etapa de apelaciones de las distintas partes.
"Jueces hijos de puta. ¡Cobardes!", gritaba una madre cuando los magistrados volvieron del cuarto intermedio para leer los fundamentos, y fueron recibidos de espaldas por los familiares que quedaban en el recinto, con las fotos de sus hijos y hermanos en alto. El único de los imputados que volvió fue Maximiliano Djerfy, ex guitarrista de la banda de Celina. "Tenían pruebas, ¡cobardes!, Fontanet era socio de Chabán", se escuchaba. "Fuimos demasiado mansos", lloraba una mujer. "Acá tienen a los padres mansos." Personal del SAME asistía a la gente que sufría ataques de nervios, y una madre decía: "Estuvimos dos años en este lugar esuchando boludeces y verdades. Y ahora esto. Este es un fallo político. No hay justicia."
En la calle se vivían momentos igualmente tensos. Los familiares que quisieron irrumpir fueron reprimidos por la policía que custodiaba el Palacio de Justicia. Hubo golpes, camiones hidrantes que disparaban pintura y vallas lanzadas en una y otra dirección. Sobre Talcahuano, los fans de Callejeros festejaban y, un rato después, coronaron su banderazo en el Obelisco. Ninguno parecía reparar en el hecho de que Argañaraz, un amigo que hacía las veces de manager en una banda de funcionamiento horizontal, había recibido, a diferencia de sus compañeros, una condena durísima.
Chabán, que se había retirado de la sala apenas escuchó su sentencia, en el comienzo mismo de la audiencia, terminó saliendo de Tribunales al anochecer, por una pequeña puerta de la calle Tucumán. La misma por la que, un par de horas antes, se había ido Pato Santos Fontanet antes de subirse al asiento de atrás de un sedán gris. Fue el final de un día doloroso y definitorio que, en realidad, no es más que un nuevo comienzo para esta historia que comenzó en un show de rock hace cuatro años, siete meses y veinte días.
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